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Comenzamos este pleno ordinario del 26 de mayo de 2020. En primer lugar me gustaría transmitir nuestro más sentido pésame a Ana Pérez, compañera de corporación, por el reciente fallecimiento de su madre.

Antes de comenzar con los puntos establecidos en el orden del día, y dada la situación de grave crisis sanitaria a la que nos hemos enfrentado, y a la que nos seguimos enfrentando, permítanme que me dirija a todos los miembros de esta corporación.

Ninguno de nosotros hubiésemos imaginado tener que vivir una situación como la que hemos atravesado. Una situación, creo que todos somos conscientes, que no ha acabado, y que seguirá requiriendo de muchos más esfuerzos, como los hemos venido haciendo hasta ahora.

Mi primer pensamiento, al abrir esta sesión, es para quienes han perdido la vida durante esta crisis sanitaria. Hemos visto como vecinos nuestros, bien en nuestra residencia, bien en otras residencias de nuestro entorno, bien en sus domicilios o en los hospitales, han perdido la vida irremediablemente. Cada vez que conocíamos la muerte de un vecino, el corazón se nos ha encogido, nos ha sobresaltado y lo hemos sufrido.

No puedo dejar de recordar a sus familias, que a la pena por el fallecimiento de su ser querido se ha añadido una doble pena: la de lo poder despedirlos rodeados del cariño y del afecto de su familia y de sus amigos. A todas las familias, me gustaría enviarles un mensaje de afecto. Las distancias a las que nos hemos visto obligados no han impedido que nos uniéramos a ellos en su dolor, en su tristeza y en su duelo.

También me gustaría recordar a quienes han fallecido durante esta pandemia y no como consecuencia de la misma, sino como consecuencia de enfermedades previas. Creo que es de justicia traerlos también a nuestra memoria.

El pueblo de Fitero ha demostrado una vez más su ejemplaridad, su solidaridad y su compromiso. Y entiendo que es un acto de nobleza que agradezcamos, al pueblo de Fitero, esta actitud, tan ejemplar como ejemplarizante.

Si bien hoy gozamos de ciertas medidas de flexibilización en este camino lento hacia la llamada “nueva normalidad”, no podemos olvidarnos de aquellas primeras semanas de silencio, de temor, incluso de miedo, que nos vimos obligados a vivir. A ninguno de nosotros se nos escapa que fueron días muy difíciles, y más allá del ejercicio de nuestras responsabilidades públicas que nos obligaron a tomar decisiones complejas, difíciles y desconocidas, fueron días de emociones contrapuestas.

Todos nosotros pasaremos a la historia como la Corporación que tuvo que hacer frente a una crisis sanitaria sin precedentes en la historia reciente. Y una Corporación que tendrá que hacer frente a un nuevo escenario social que requerirá, de todos nosotros, grandes dosis de consenso.

Ante nosotros, y cuando esta crisis finalice, se abrirá también un nuevo escenario cuyas coordenadas vislumbramos pero no conocemos. Un escenario que deberemos afrontar como una nueva oportunidad y como un reto. Como les decía, habrá que afrontarlo desde el consenso, la generosidad y una nueva creatividad política.

Como decía anteriormente, Fitero ha demostrado ser un pueblo ejemplar. Pero un pueblo no es una demarcación meramente geográfica. Un pueblo lo forma sus vecinos, sus instituciones, sus asociaciones, sus entidades públicas y privadas, su comercio, su hostelería….

Desde el primer momento comprobamos que la red de solidaridad que se tejió en nuestro pueblo resultó tan emocionante como desbordante.

Las empresas de nuestro pueblo vaciaron sus retenes de equipos de protección individual para ponerlos a disposición de nuestra residencia; nos gestionaron contactos para adquirir materiales homologados, e incluso algunos de ellos viajaron para que pudiéramos disponer rápidamente de dichos materiales. Anónimamente, en muchos domicilios, se realizaron mascarillas que se pusieron a disposición del ayuntamiento y de la residencia. De algunas manos generosas, salieron más de 3.000 mascarillas, de otras, pantallas y otros medios de protección.

Asociaciones y entidades de todo tipo (político, religioso, social, educativo, recreativo y cultural), decidieron hacer donativos por más de 12.000 euros para nuestra residencia. También familias, de forma anónima, decidieron hacer su aportación silenciosa. Hubo entidades y empresas que aportaron materiales de primera necesidad (alimentos, material desechable…) y otras empresas y autónomos que pusieron a disposición del ayuntamiento sus naves, sus vehículos…¡todo lo que fuese necesario para cuando fuese necesario!

Balneario de Fitero, el 13 de marzo, 48 horas antes de la entrada en vigor del “Estado de Alarma”, puso a disposición de Gobierno de Navarra, y lo hizo por escrito estando yo presente, todas sus instalaciones por si fueran necesario. Y fueron necesarias. Durante semanas, Fitero ha acogido a enfermos de distintos rincones de la geografía navarra. Desde Cintruénigo a Baztán, pasando por Tudela, Arguedas o San Adrián. Si en Fitero, en nuestro pueblo, han recuperado el don más preciado en estos momentos, la salud, nos alegramos con ellos y por ellos.

He de decir que en la Consejera de Derechos Sociales de Gobierno de Navarra, Mari Carmen Maeztu, este que les habla, ha encontrado en todo momento una gran aliada, y le mostré mi más sincero agradecimiento en el último encuentro que mantuvimos, en fechas recientes, en el mismo Balneario. También la Consejera agradeció públicamente al Ayuntamiento de Fitero, su dedicación y sus esfuerzos.

Sería complejo enumerar, uno a uno, a todas las empresas, entidades y personas anónimas que han colaborado durante estas pasadas semanas. Corro el riesgo de olvidarme a alguno.

Pero permítanme que agradezca a todos y cada uno de los empleados del ayuntamiento su labor durante esta crisis. A los que han estado en la calle, cerca de los más vulnerables y a los que han permanecido aquí, al pie del cañón; a los alguaciles, que han sido nuestras manos, nuestros ojos e incluso nuestro corazón en algunos momentos; a la brigada y a quienes con ellos, nuestros agricultores y voluntarios,  nos han ayudado a desinfectar las calles.

No me quiero olvidar de los profesionales sanitarios del consultorio local, de los miembros de los cuerpos y fuerzas de la seguridad del Estado, de Protección Civil de Cintruénigo y Milagro y por supuestísimo, y especialmente, de los comercios de Fitero que redoblaron sus esfuerzos para garantizar nuestra seguridad y nuestra subsistencia.

Y en medio de toda esa generosidad, insisto que tan desbordante que por momentos parecía difícil de gestionar, la grandeza humana, más allá de lo profesional; la de los profesionales de nuestra residencia de ancianos, donde el COVID19 ha atacado con virulencia desmedida. Todos ellos, con su directora al frente, Raquel, nos han demostrado que cuidar es un arte que va mucho más allá de una jornada laboral y un salario. La valentía de quienes se confinaron en el centro para salvaguardar la vida de los mayores es una muestra de ello. Para todos ellos fueron días duros, difíciles y que nunca olvidarán. Y gracias a ellos podemos decir con orgullo, que ninguno de los que se marcharon para siempre lo hicieron solos, porque siempre tuvieron una mano amiga en su despedida y su último aliento.

Hoy, el Consejo de Ministros del Gobierno de España, ha declarado el luto nacional, durante diez días, en nuestro país. Un luto con el que recordar a los casi 28.000 españoles fallecidos durante esta pandemia. Como no podía ser de otra manera, nos unimos a ese luto oficial. Y me gustaría pedirles, que pudiésemos guardar todos, un minuto de silencio. Un minuto de silencio para recordar a quienes han perdido la vida y a sus familias.

Como representantes elegidos por el pueblo de Fitero, en este minuto de silencio todo Fitero está representado. Por lo tanto es Fitero, el que a través nuestra, guarda silencio por todas las víctimas.

Guardemos un minuto de silencio.

(Minuto de silencio)

Muchas gracias.

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